Historias

Nunca es tarde para Eivissa

10 abril, 2017

Si hubiera buscado la casa ideal para vacacionar no hubiera encontrado esta, porque ni en un millón de años se me habría ocurrido buscar ahí.

Tal vez fue la ley de la atracción y la casa me halló a mí. Es perfecta, se encuentra al final de un sendero arbolado lejos del ruido, el tráfico y la contaminación; La rodean unos naranjales y el vecino mas cercano se encuentra a unos 1000 metros de distancia. 

La casa huele a bosque, mar y naranjas. Es una combinación de aromas que desconocía y que me resulta embriagante. Tengo la sensación de que cuando me vaya voy a extrañar este olor

Si tomas el sendero hacia el lado contrario, al final encontrarás una pequeña iglesia y una plaza.

No hay muchas cosas más en este pequeño pueblo llamado Santa Gertrudis y ni falta hacen, la quietud aquí es tal, que parece que estás en el fondo de una piscina, en cuanto llegas se te antoja la introspección. 

Cuando un amigo me convocó a una fiesta en Ibiza, confieso que tuve sentimientos encontrados, tenía añales queriendo ir, pero pensé que la invitación había llegado dos décadas tarde.

Muchas veces anticipe vacacionar ahí con el único propósito de empaparme de fiesta, después de todo pensaba que a eso iba uno a Ibiza y a estas alturas ya no se me hacía un destino muy apropiado para mí. ¨ Ibiza es para la huercada¨ pensaba yo.

En mi visita imaginaria a la isla, siempre me alojaba en pleno centro histórico, hasta en sueños quería sentir el bullicio de la gente, sus calles, sus bares y cuando mis anfitriones me informaron que no sería así, pensé que no conocería la Ibiza de a de veras.

 

 

 

¡Ah! andaba yo muy mal, MUY. MAL. La auténtica Eivissa es una bohemia que ama el campo, el aroma de flor de naranjo, los senderos arbolados, el olor a pan recién horneado, los días con sol ardiente y noches frías estrelladas.

Es una aventurera que ama (y no perdona) el mercadito hippie los domingos por la mañana, desayuna temprano al aire libre, da largas caminatas por el campo, en la tarde platica en la terraza bajo una bugambilia, y cuando el silencio es absoluto, lo mismo disfruta un buen libro que el ulular del viento azotando la costa. 

Es experta en deportes acuáticos y la marina es su segunda casa, como diría Joan Manuel Serrat, tiene alma de marinero.

Cuando cae el sol quiere fiesta, como cualquier turista veraniega.  Por ahí de las once o doce de la madrugada sale vestida de noche, despampanante, como decía mi amigo Pepe Salazar, va parando el tráfico y así hará su entrada triunfal al Pachá, Amnesia, Space o al Usuahia. 

La noche es joven y lo mismo da una disco que otra, porque la fiesta comienza en cuanto sale el DJ, y termina a las tres de la tarde del día siguiente, empiece donde empiece…

 



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